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Los avances tecnológicos y las propuestas en diseño son parte de las aristas que explora la industria automotriz para lograr lo mismo que cualquier otra compañía: ser rentable. Sin embargo estos números negros no son fáciles de lograr, toda vez que un auto no sólo tiene que gustar, sino también debe de ser seguro, cómodo, tecnológico y por supuesto pasar normas ambientales.

Entre las propuestas que la industria automotriz barajea y cada vez con más intensidad es la que hemos visto en el cine hasta ahora de ciencia ficción. Autos que se manejan solos a velocidades que sobrepasan los límites actuales.

Ya en la realidad estos proyectos –algunos más avanzados que otros- tiene el nombre de manejo autónomo y al parecer todas las marcas tiene ya algo preparado, al menos en el tintero y la cuenta regresiva está a punto de concluir, dicen.

Mercedes-Benz, Infiniti, General Motors, Volvo -por no hablar de Google, Tesla y Apple-, han decidido “quitarle el volante” a los autos. Lo beneficios, aseguran, serán palpables. Trayectos sin las decisiones del hombre –imperfecto por naturaleza- serán  más eficientes con autos que se comuniquen entre ellos. No más pedir y negar el paso se nos viene a la mente como primera opción.

Esta conducción autónoma esta quizá más cerca de lo que creemos, 2020, sí, cuatro años y los coches serán altamente automatizados, podrán conducirse solos en el tráfico pesado o a toda velocidad en una autopista sin ninguna intervención del conductor.  En 10 años los conductores podrán trabajar o incluso dormir durante su viaje.

El pasado Salón del Automóvil de los Ángeles, Volvo presentó: Time Machine, que básicamente es un asiento, un tablero y una enorme pantalla de 25 pulgadas que recrean lo que surgiría cuando el auto tome el control de camino y conductor únicamente se relaje.

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El extraño auto de Google que no necesita conductor y ni siquiera tiene volante. El carro solo tiene un botón de marcha, freno y carece de pedales. El automóvil, en forma de iglú, solo puede llevar a dos pasajeros y alcanza una velocidad de 40 kilómetros por hora y pese a que en semanas pasadas tuvo en percance menor en donde la compañía admitió su responsabilidad, el proyecto, tiene todas las cualidades para salir y pronto… tan solo debemos de pensar en la compañía que lo está impulsando.

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“Éste es el futuro, afirma el presidente ejecutivo de Tesla, Elon Musk. Cualquier coche que se esté fabricando y no tenga plena autonomía tendrá un valor negativo”, afirmó en una entrevista en Wall Street. Y por si aún quedaban dudas de su postura remató: “un auto que no se conduzca sólo será como ser dueño de un caballo. Sólo tendrás uno por razones sentimentales.”

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Por su parte General Motors abrió la cartera y gastó mil millones de dólares en una interesante compra. Adquirió una pequeña, pero importante empresa especializada en conducción autónoma de nombre Cruise.

Pero ¿qué vuelve tan especial a esta empresa? El plus que tiene es que es capaz de equipar a cualquier vehículo de una conducción autónoma por 10 mil dólares, elevado el precio quizá,  aunque no tanto si se quiere comprar un modelo nuevo equipado con esta tecnología.

Según explica General Motors, esto es un claro ejemplo de que la empresa comenzará a expandirse de una manera agresiva enfocando sus esfuerzos no solo a la conducción, sino también a la movilidad obteniendo una mejor experiencia y mayor seguridad para sus clientes.

Esta teoría de los autos autónomos como única opción viable se refuerza cuando empresas que son punteras en casi todo lo hacen –y hasta lo que no hacen- como Apple habla del proyecto Titan que sería el primer coche eléctrico y autónomo de la marca y popularmente conocido como iCar, una de las últimas iniciativas de Steve Jobs. Ahora, y tras meses de silencio, se han disparado los rumores sobre el proyecto.

Y es que según expertos en la marca Apple, el iCar ya es una realidad y podría llegar al mercado en 2020 a un precio en torno a los 75 mil dólares.

¿Y Mazda qué dice? Sencilla y llanamente: no, no a la conducción autónoma, no a pasar el volante a un software, al menos no, por ahora.

Un balazo en el pie si leemos todos los anteriores argumentos que aseguran que la conducción autónoma será la única realidad a los que los humanos tendremos que acostumbrarnos. Masamichi Kogai CEO  de Mazda asegura que no trabajan en coches autónomos. “Nuestra misión es ofrecer la esencia del placer de conducir”.

Va más allá y se sincera “el coche es para mí como estar en casa”, continúa. “En cuanto me subo a mi auto nadie puede molestarme. Puedo ir a un lago o a las montañas. No sé a dónde voy hasta que llego allí”.

Esta declaración toma una mayor relevancia cuando nos preguntamos ¿quién es Masamichi Kogai? Quizá sea una persona que estuvo en el momento y lugar correcto para ser el CEO de una de las armadoras con crecimientos más sanos en los últimos años.

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Lo cierto es que para entender –y lo adelantamos- la grandeza de Masamichi Kogai CEO de Mazda tenemos que remontarnos al pasado, oscuro quizá en donde la armadora japonesa estuvo a un paso muy, muy pequeño de la bancarrota. Toyota y Nissan demostraron ser rivales dignos de temer.

Ford dueña de una pequeña participación desde 1979  de Mazda tuvo que abrir la billetera  y rápidamente se convirtió en su principal accionista, y claro, se aseguró de tener el control efectivo de la compañía con una participación del 33%.

Hasta este momento de la historia todo iba bien para Mazda pero vino la crisis mundial del 2008 y Ford tuvo que deshacerse “de lo que la llevaría hasta un camino sin retorno”, dijeron. Jaguar, Land Rover, Aston Martin, Volvo y por supuesto Mazda dejaron de ser parte del óvalo azul, el tiempo habló y fue lo mejor que les pudo pasar a las antes mencionada.

Flotando a la deriva con números rojos en cada uno de los sectores financieros, Mazda nuevamente estaba en problemas al perder casi 3 mil millones de dólares de 2009 a 2012.

Sin embargo aprendieron de los errores. Nos imaginamos: que cerraron los ojos, respiraron profundo tres o cuatro veces y vino una restructuración completa del negocio.

Masamichi Kogai estaba en medio de este proceso, primero como jefe de fabricación, y luego como CEO desde 2013.

Él cerró la producción en Michigan y abrió una nueva planta en Salamanca, Guanajuato, México, donde los costos eran menores, y creó varios joint ventures para fabricar modelos en Rusia y Vietnam.

Pero en como en cualquier economía –hasta la más sencilla que imagine- no basta con reducir costos, se tiene que vender más. Mazda tenía que encontrar la manera de ser tan ágil como sus productos.

En lugar de diseñar por separado cada uno de ellos y dejar que el equipo de fabricación encontrara la manera de producirlos, Mazda reunió a sus diseñadores, ingenieros, proveedores, personal de compras y expertos en producción y empezó a planear toda su línea con miras a entre cinco y 10 años hacia el futuro.

Rediseño con lupa la manera en que las agencias alrededor del mundo vendían sus productos, pero su reto más difícil fue encontrar la manera de hacer que los Mazda, que son tan divertidos de conducir, cumplieran con normas de ahorro de combustible más estrictas sin un presupuesto de investigación y desarrollo para coches híbridos o eléctricos.

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Creó, expuso y explotó la filosofía Kodo en cada producto que salía de su línea de ensamble y desarrolló un nuevo motor desde cero, que aumenta la eficiencia de la combustión a niveles que ningún otro fabricante de automóviles se atrevería a probar debido al “golpeteo en el motor” que producía el cambio, el motor rotativo del RX-7 a finales de los años 70, 80 y 90, y el RX-8 en los años 2000.

Hoy tiene una línea completamente renovada en donde todos y cada uno se alinean con la nueva visión Mazda: “Sí es divertido manejarlo, vale la pena fabricarlo”. Mazda 2, Mazda 3 sedán y hatchback, Mazda 6, CX3, CX5, CX9, el super deportivo, biplaza RX5 con toldo de lona y ahora toldo duro –la sorpresa del Salón del Automóvil de Nueva York- todos con el característico manejo divertido, cómodo, alegre.

En 2011 hubo una revuelta cuando Mazda detuvo la producción del RX-8 debido a que sus ventas se habían desacelerado, pero Kogai dio un bálsamo de alivio a los fans. En el Salón del Automóvil de Tokio 2015 presentó el RX-Vision, un concepto de coche deportivo que cautivó a los amantes de Mazda. Un Kogai sonriente se mostró reticente a confirmar si Mazda lo fabricaría algún día: “El único motor que podemos imaginar dentro de ese coche es un motor rotativo”.

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Por todo lo anterior la negación a la conducción autónoma que hizo Kogai es relevante, después de su catastrófico divorcio con Ford, Mazda ha sido rentable durante los últimos tres años. Las ventas globales de vehículos han aumentado 12% desde 2012, y el margen Ebitda de Mazda ha mejorado hasta casi 9%, mejor que el 7.9% de Ford, pero aún por debajo de la media del sector, de 11%.

Mazda atribuye su capacidad de adaptación a su historia, que está indisolublemente ligada a su ciudad natal de Hiroshima. Cuando Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica sobre la ciudad, en agosto de 1945, Mazda, entonces conocida como Toyo Kogyo Co. Ltd., fabricaba pequeñas camionetas de tres ruedas y equipo militar. Si bien la mayor parte de la ciudad fue arrasada, Toyo Kogyo se salvó por un capricho de la topografía: una colina entre el lugar de la explosión y la fábrica desvió el infierno y lo alejó de sus operaciones. Cuatro meses más tarde, Mazda estaba de vuelta en el negocio.

 Mazda parece imparable… 

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