La industria del cine atraviesa un momento histórico y de enorme tensión. Netflix, el gigante del streaming, que sigue transformando la manera en que millones de personas consumen entretenimiento, no sólo está a punto de culminar la mayor adquisición de su historia al comprar Warner Bros. Discovery, en una operación valorada en más de 82,600 millones de dólares, sino que ya puso sobre la mesa una propuesta que podría cambiar para siempre la relación entre las salas de cine y los estudios cinematográficos.
Según Deadline, Netflix estaría promoviendo la idea de que las próximas cintas de Warner Bros. permanezcan en los cines por un período exclusivo de apenas 17 días antes de estar disponibles en su plataforma.
Esta cifra es significativamente menor a la que se maneja en otras regiones, donde los estrenos en sistemas digitales se dan después de 45 días, un período que la mayoría de las cadenas considera necesario para proteger los ingresos de taquilla y sostener la experiencia cinematográfica tradicional.
La propuesta, que aún no está confirmada como una política definitiva, desató inmediatamente reacciones adversas entre los exhibidores. Grandes cadenas como AMC dejaron claro que no comparten esta visión y que consideran los 17 días insuficientes para que una película genere ingresos significativos en cartelera.

Para estas cadenas, una reducción tan drástica podría “aplastar” el negocio tradicional del cine y disuadir a los espectadores de acudir a las salas, obligándolos a esperar unas semanas para disfrutar de cualquier estreno en casa.
Los defensores de mantener ventanas más largas argumentan que la exclusividad prolongada es una pieza clave del valor cultural y económico de las salas de cine. La experiencia de ver una película en pantalla grande, con sonido envolvente y junto a una audiencia compartida, sigue siendo para muchos cinéfilos una experiencia insustituible.
Para estos críticos, trasladar demasiado pronto las películas a plataformas de streaming amenaza con erosionar ese valor y empujar a más espectadores a consumir contenido exclusivamente en casa.
Por su parte, Netflix intenta matizar la conversación, asegurando que su intención no es eliminar los estrenos en salas, sino evolucionar el modelo tradicional para adaptarlo a las expectativas del público contemporáneo.
En ese sentido, la empresa subraya que la mayoría de las recaudaciones en taquilla ocurre en las primeras semanas, y que una ventana de 17 días sigue permitiendo captar ese impulso comercial antes de ofrecer el título a sus suscriptores.

El debate va más allá de cifras o periodos de tiempo. Se trata de una discusión sobre el futuro de un sector que aún lucha por recuperarse tras la pandemia, y en el que la consolidación de plataformas de streaming como dueñas de estudios cinematográficos plantea preguntas profundas sobre competencia, diversidad cultural y el papel de las salas como espacios de encuentro social.
Así, mientras Netflix y Warner Bros. avanzan en su integración y los reguladores analizan las implicaciones antimonopolio, la industria observa con atención. Si la ventana de 17 días se impone, podría marcar el inicio de una nueva era en la distribución cinematográfica, en la que la pantalla grande y el streaming compitan sin tregua por la atención del público.


























































