Habíase una vez un tiempo en el que no existían los videojuegos: Las personas se sentaban alrededor de la televisión de la sala (la única que había) a ver los pocos programas que había al aire. Era un tiempo donde ir por las tortillas no sabía a mucho, donde las monedas en los bolsillos se guardaban en el cochinito y sí, es verdad, los niños utilizaban su tiempo para jugar en las calles, pero seamos realistas: Eso ya no es tan seguro en estos días.

En ese tiempo un hombre que llegó para cambiarlo todo, y su nombre era Ralph H. Baer “El Padre de los Videojuegos” y pueden apostar a que era un tipo listo a pesar de que lo echaron de la escuela a los 14 años, aunque tuvo más que ver con Hitler que con su inteligencia. Abandonó Alemania y se instaló en Estados Unidos (un par de meses antes de que la crueldad nazi se desatara), y un día como cualquiera leyó en el transporte un anuncio que le invitaba a convertirse en técnico en reparación de radios (el equivalente a “gane dinero reparando celulares” hoy en día).  Gracias a su desempeño, el ejército le echó el ojo y  tuvo su venganza contra el Hittler al convertirse en instructor para el servicio de inteligencia aliada en Inglaterra.

Regresó al nuevo continente para graduarse de licenciado en Ciencias de la Televisión, y se puso a trabajar para consolidarse como un creador consolidado, comenzando por depiladoras, cortadoras quirúrgicas y otras cosas aburridas. Pasó por un par de empresas, entre ellas la suya propia, donde creó otras cosas como un sistema de señalización de alta tensión para IBM. Pasaron los años y en 1987 a sus 65 años el buen Ralph se jubiló, pero aún tenía mucho que ofrecer, y es por ello que un contratista militar lo buscó para comprarle una idea que había rondado su cabeza por mucho tiempo: Jugara a las damas en su tele.

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En ese momento había alrededor de 40 millones de  televisores en Estados Unidos, y siendo sinceros, no había mucho que ver, así que la idea de poder jugar en ellas era algo muy atractivo y fue alrededor de 1968 que se concretaron años de bocetos e ideas en un prototipo llamado la T.V. Game Unit #7, o “Brown Box” para los cuates. Se trataba de una caja de aluminio llena de cables que en algún punto decidieron que se vería más bonita cubierta con cinta adhesiva con un patrón que simulaba madera (por ello lo de “caja marrón”). Contaba con un par de controles que hacían funcionar los ejes del “cuadrito” de cada jugador. El sistema utilizaba unas tarjetas que guiaban al usuario a activar o desactivar una serie de interruptores que modificaban la posición en pantalla de los jugadores y un tercer cuadrito que se utilizaba como pelota. En ese momento, Ralph se convirtió en el primer humano en perder una partida 1 contra 1. Aún siendo la primera consola en desarrollarse, Baer se las ingenió para contruir una pistola de luz, con la que pudo crear juegos de puntería, utilizando una pistola genérica de juguete.

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RCA se interesó en este novedoso producto, sin embargo cancelaron la compra, abriendo la oportunidad a Magnavox, filial de Phillips en Estados unidos para producir la Brown Box a gran escala, quienes le asignaron el refinado nombre de Odissey, y dándole un acabado mucho más cuidado que el del prototipo. Agosto de 1972 fue el mes que la vio nacer: Como estrategia de mercado, solo era vendida en los almacenes de la marca en unos 100 dólares (poco más de 575 en nuestros días) y adicionalmente se decía que solamente funcionaría con los televisores Magnavox, pero a pesar de esto, para el final del año, más de 100 mil consolas habían sido vendidas.

Los seisjuegos básicos de la Odyssey consistían en persecuciones o juegos de pelota, de los cuales el Ping-Pong era el más popular. Los controles tenían las mismas perillas de dirección, a demás de una tercera perilla que hacía un “chanfle” o efecto para que la “pelota” cambiara de direccion. Los interruptores fueron sustituidos por tarjetas que cambiaban la configuración de la Odyssey de acuerdo a cada juego.

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 La consola no tenía sonido y tampoco una unidad de memoria por lo que los jugadores tenían que memorizar sus puntajes, pero contaba con un par de ingeniosos aditamentos que se vendían por separado, como las transparencias que se colocaban por medio de la estática del televisor y permitían cambiar el fondo del juego, desde una cancha de tenis o futbol, una casa embrujada, o el espacio exterior, y se vendía junto con dados, tarjetas de puntajes e incluso una mesa de ruleta estilo casino. Otro adelanto importante era el rifle de luz que convertía el televisor en un galería de tiro (algo que tiempo después retomaría Nintendo con la pistola Zapper).que elegían la configuración de cada juego.

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Desafortunadamente para Magnavox, las 350,000 unidades vendidas no fueron suficientes para redondear el éxito de esta primera consola, que a pesar de lo novedoso que resultó para el mundo, solo hacía tiempo para que un nuevo aparato azotara como un vendaval las tiendas: La nueva Atari y su fiebre Pong, que a pesar de contar con un solo juego, llevó la revolución de los videojuegos al siguiente nivel.

En 2004, Ralph fue condecorado con el premio nacional de tecnología a manos del presidente George W. Bush, reconociendo a un hombre que sentó un presedente en el entretenimiento de millones y que para el año en que Baer murió (2014) superó los 100 mil millones de dólares en ganancias.

Gracias Ralph H. Baer.

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