Stellantis ya no está jugando a la defensiva. Está buscando aliados. Y los está buscando en China.

El grupo automotriz ha iniciado conversaciones con fabricantes como Xiaomi y Xpeng, en un intento por replantear su operación en Europa, una región que hoy le pesa más de lo que le aporta. Mientras tanto, buena parte de su inversión sigue enfocada en Norteamérica, donde el negocio todavía respira.

Las pláticas —reveladas por Bloomberg— no son menores. Sobre la mesa hay opciones que van desde alianzas tecnológicas hasta posibles participaciones accionarias en marcas del grupo, incluyendo nombres de alto perfil como Maserati. No es una señal menor: Stellantis está dispuesto a abrir la puerta… incluso en su segmento más exclusivo.

Pero hay otra pieza clave en este rompecabezas: Europa

Los fabricantes chinos llevan tiempo buscando cómo entrar con fuerza al continente. Y Stellantis, con plantas, infraestructura y presencia consolidada, podría convertirse en el puente perfecto. Acceso a capacidad de producción europea a cambio de tecnología y competitividad. Un intercambio que empieza a sonar cada vez más lógico.

Desde la compañía, el discurso es más sobrio. Hablan de “conversaciones habituales” dentro de la industria. Nada fuera de lo normal, dicen. Pero cuando el contexto aprieta, lo “habitual” suele esconder decisiones importantes.

Y el contexto aprieta…

En 2025, Stellantis registró pérdidas netas por 22,300 millones de euros (alrededor de 24,100 millones de dólares). Un golpe duro, sobre todo si se compara con los 5,520 millones de euros de ganancia (unos 5,960 millones de dólares) del año anterior. El cambio no es solo contable. Es estructural.

El propio CEO, Antonio Filosa, lo dejó claro entre líneas: el grupo sobreestimó la velocidad de la transición eléctrica. Apostaron fuerte… pero el mercado no avanzó al mismo ritmo.

El cliente no quiere una sola opción. Quiere elegir

Por eso Stellantis ahora habla de libertad tecnológica: eléctricos, híbridos y motores de combustión conviviendo. No por convicción ideológica, sino por necesidad comercial. El problema es que competir en ese terreno cuesta. Y mucho.

En Estados Unidos y parte de Europa, la adopción del vehículo eléctrico ha sido más lenta de lo esperado. Eso obliga a ajustar precios, reducir costos y, sobre todo, buscar nuevas formas de producir más barato sin perder margen. Justo ahí es donde China vuelve a entrar en la ecuación.

Porque si algo han demostrado marcas como Xpeng, BYD o Xiaomi, es que saben hacer vehículos eléctricos… y hacerlos bien en costos. Pero esta no es la primera vez que Stellantis mira hacia China. De hecho, ya tiene una relación concreta que ayuda a entender hacia dónde se dirige.

Se trata de su alianza con Leapmotor, una marca china especializada en vehículos eléctricos. Una jugada que, en 2026, ya empezó a tomar forma en el mercado con el lanzamiento de tres SUVs: B10, C10 y C16.Estos modelos no solo amplían el portafolio. Cambian la conversación.

Incorporan tecnología REEV (vehículos eléctricos de rango extendido), una solución que responde directamente a uno de los mayores temores del consumidor: la autonomía. ¿El resultado? Más de 1,000 kilómetros combinados, una cifra que pone presión directa sobre híbridos tradicionales y eléctricos puros.

No solo es tecnología. Es posicionamiento.

Porque estos modelos llegan con una propuesta clara: tecnología de nivel premium, pero con una estructura de costos más competitiva, respaldados además por algo que muchas marcas chinas aún no tienen en México: la red de servicio, garantía y distribución de Stellantis.

En otras palabras, Stellantis no solo está buscando sobrevivir al cambio.
Está intentando redefinir su lugar en él. Y si eso implica apoyarse en China… parece que ya tomó la decisión.

La nueva jugada de Stellantis: menos orgullo europeo, más músculo chino

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