En la industria automotriz actual, donde todo corre al ritmo de la electrificación forzada y las modas tecnológicas, hay una marca que parece jugar otro partido. En Hiroshima no sienten presión por lanzar una nueva generación del Mazda MX-5, su modelo más emblemático y el roadster más vendido del planeta.
Hace casi cuatro años vimos prototipos camuflados en Nürburgring que apuntaban a una nueva entrega —internamente conocida como “NE”, sucesora del actual “ND”—. Muchos daban por hecho que llegaría en 2024 o, a más tardar, en 2025. Hoy está claro: no será así. Y no porque Mazda esté retrasada… sino porque simplemente no tiene prisa.
El MX-5 actual sigue en su mejor momento
Desde Europa, dos altos responsables de la marca han sido contundentes: la generación actual, con más de una década en el mercado, sigue siendo un producto sólido, vigente y emocionalmente difícil de superar.
Jo Stenuit, jefe de diseño en Mazda Europa, lo resume con claridad: el MX-5 debe mantener tres pilares innegociables —diversión, ligereza y precio accesible—. Si uno de esos falla, deja de ser un MX-5.
Y aquí está el punto clave para México: en un mercado donde cada vez más deportivos desaparecen o se vuelven inalcanzables, el MX-5 sigue siendo una de las pocas opciones puras, relativamente accesibles y enfocadas al placer de manejo real, no a cifras de potencia infladas.
¿Será eléctrico? La respuesta es más clara de lo que parece
Aunque Mazda admite que estudia distintas formas de propulsión, el mensaje es firme: el próximo MX-5 no será totalmente eléctrico.
Christian Schultze, responsable de Investigación y Operaciones en Europa, lo deja claro: una batería grande comprometería el peso, el equilibrio y la esencia del auto. Y en un coche donde cada kilo cuenta, eso sería traicionar su ADN.
Sí, podría haber algún tipo de asistencia eléctrica en el futuro, pero no en el sentido tradicional de un híbrido que sume potencia y peso. Mazda no ve la hibridación como el camino natural para el MX-5 si eso implica sacrificar sensaciones.
En cambio, la marca apuesta fuerte por los combustibles sintéticos, una solución que permitiría mantener motores de combustión interna sin alterar arquitectura, proporciones ni distribución de pesos. Es una postura técnica, pero también filosófica.
Euro 7 no cambiará su esencia
Frente a la llegada de normativas más estrictas como Euro 7, Mazda no planea soluciones radicales. El motor 2.5 litros —aunque atractivo por potencia— queda prácticamente descartado por peso y balance.
La estrategia parece más conservadora e inteligente: mantener los actuales bloques 1.5 y 2.0 litros, pero optimizados en combustión, eficiencia y tratamiento de emisiones. Es decir, evolución en lugar de revolución.
Y aquí hay algo que como entusiastas debemos valorar: Mazda está defendiendo la experiencia de manejo por encima del marketing verde acelerado.
La verdadera pregunta
En un mundo donde muchas marcas convierten a sus íconos en SUV eléctricos por presión regulatoria, Mazda está protegiendo al MX-5 como el alma de la compañía. Literalmente lo dicen así.
¿Eso significa que el “NE” llegará pronto? No. Todo apunta a que todavía faltan algunos años. Pero cuando llegue, no será por cumplir con una tendencia, sino porque Mazda esté segura de que puede hacerlo mejor sin traicionar su esencia.
Y en estos tiempos, esa paciencia es casi un acto de rebeldía.
Para el mercado mexicano, donde todavía valoramos el manejo emocional, la conexión mecánica y el equilibrio entre precio y diversión, la noticia es clara: el MX-5 seguirá siendo fiel a sí mismo.
Mazda MX-5: el ícono que no tiene prisa (y no necesita tenerla)

























































