Cuando Lamborghini presentó el Lanzador Concept en 2023, la marca italiana dejó claro que su primer modelo 100% eléctrico llegaría en 2028. Se trataba de un GT 2+2 de altas prestaciones, llamado a convertirse en el cuarto pilar de la gama de Sant’Agata Bolognese.
Pero el calendario comenzó a moverse. Primero se habló de 2029. Ahora, el proyecto queda aplazado de forma indefinida. No es un adiós absoluto, pero sí un freno estratégico que confirma algo más profundo: Lamborghini no está convencida de que el mercado esté listo para un superdeportivo eléctrico puro.
“Sería financieramente irresponsable”

El CEO, Stephan Winkelmann, fue contundente en declaraciones a The Sunday Times:
Invertir fuertemente en un eléctrico cuando el mercado y los clientes no están preparados sería un pasatiempo costoso e irresponsable.
No es una frase improvisada. Es un mensaje directo a inversionistas, empleados y clientes. Lamborghini entiende que su comprador no busca únicamente cifras de aceleración; busca emoción, sonido, vibración y carácter mecánico.
En un nicho tan específico, el riesgo de lanzar un eléctrico que no conecte emocionalmente es alto. Y el margen de error, mucho más reducido que en fabricantes de mayor volumen.
El contraste con Ferrari
Mientras Lamborghini pisa el freno, su rival histórico, Ferrari, sigue adelante con su primer eléctrico, el futuro Luce.
La diferencia no es menor. Ferrari tiene mayor margen financiero y una estrategia más decidida hacia la electrificación total. Lamborghini, en cambio, opta por la prudencia. Y esa prudencia responde tanto al mercado como al contexto industrial.
El factor Grupo Volkswagen
No olvidemos que Lamborghini forma parte del Volkswagen Group. Dentro del grupo, marcas como Porsche han tenido que ajustar sus planes eléctricos ante una demanda menor a la esperada.
Ese aprendizaje interno pesa. Desarrollar una plataforma eléctrica dedicada para un modelo de bajo volumen puede convertirse en un lujo innecesario si las ventas no acompañan.
El riesgo financiero es real. Y Lamborghini no quiere jugar a la ruleta tecnológica.
La apuesta clara: híbridos enchufables
Hoy, la estrategia está definida: electrificación sí, pero con combustión presente.
La gama actual lo demuestra:
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Lamborghini Urus, el SUV que sostiene buena parte del volumen global.
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Lamborghini Revuelto, con V12 híbrido enchufable.
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Lamborghini Temerario, con V8 electrificado.
Los tres ya incorporan tecnología PHEV, permitiendo cumplir normativas sin renunciar al ADN sonoro y emocional.
El mensaje es claro:
Mientras el cliente lo demande y las regulaciones lo permitan, el motor de combustión seguirá vivo en Sant’Agata.
¿Y el futuro cuarto modelo?
Aunque el nombre Lanzador podría mantenerse, todo indica que ese cuarto modelo no será 100% eléctrico. Más bien, podría nacer bajo una configuración híbrida de alto desempeño.

Lamborghini no está negando el futuro eléctrico; simplemente está diciendo: no ahora, no en estas condiciones.
Lamborghini no ha abandonado la electrificación. Elegió tiempo sobre prisa. En un momento donde muchas marcas aceleraron por presión regulatoria o mediática, la firma italiana decide escuchar a su cliente. Y su cliente, hoy por hoy, sigue queriendo escuchar un motor.
La pregunta no es si Lamborghini hará un eléctrico. La verdadera pregunta es cuándo el mercado de superdeportivos estará dispuesto a sacrificar emoción por silencio.Y en esa respuesta se juega el futuro de Sant’Agata.

























































