Europa puede plantarle cara a China en la competitiva carrera del coche eléctrico. No lo decimos nosotros, lo asegura François Provost, directivo clave de Renault, quien afirma con rotundidad que la industria europea es capaz de fabricar vehículos eléctricos tan competitivos como los asiáticos. Pero, claro, para lograrlo hay que bajarse del pedestal, espabilar con los plazos de desarrollo y, sobre todo, crear coches que la gente corriente pueda pagar.

La advertencia llega en el momento más delicado. Las marcas chinas ya no son una amenaza de futuro; están aquí, colonizando los concesionarios con tecnología punta, autonomías sólidas y precios que hacen temblar a los fabricantes tradicionales. Frente a este complicado panorama, la estrategia del grupo francés no es quejarse, sino acelerar el ritmo y recortar costes de producción de forma drástica. El nuevo Renault 5 E-Tech es el ejemplo perfecto de esta filosofía: revivir un mito en formato eléctrico, pero con un precio lógico para el comprador medio.

¿Cuál ha sido el gran error europeo? Durante años, el coche eléctrico se trató aquí como un objeto de lujo inaccesible. Mientras tanto, China tomó la delantera dominando lo esencial: las baterías y el software, que son el corazón y el cerebro del vehículo moderno. Además, perfeccionaron el uso de plataformas modulares, que básicamente son estructuras mecánicas y electrónicas comunes que sirven para construir distintos modelos. Así se ahorran miles de millones de euros.

Por eso, Renault entendió que la supervivencia exige aliarse con antiguos rivales. Su último movimiento estratégico es un acuerdo con Ford para desarrollar eléctricos pequeños que llegarán al mercado en 2028. Se fabricarán en el norte de Francia utilizando la tecnología del grupo francés.

Es un giro de guion absoluto. Antes, cada marca cavaba su propia trinchera tecnológica de forma aislada; hoy, la presión china obliga a compartir fábricas y componentes para abaratar costes, porque en el mercado del coche eléctrico barato, lo que de verdad importa es el volumen de producción y no el orgullo de las siglas.

Renault no tiene el tamaño colosal de gigantes como Volkswagen o Stellantis. Tampoco cuenta con una presencia global masiva. Precisamente por eso, su gran agilidad para tejer alianzas inteligentes con firmas poderosas como Ford, Geely o Nissan es su mejor carta de presentación para liderar la reconversión automotriz europea sin perder jamás el control de su propio destino en esta nueva era global que acaba de comenzar.

La fórmula de Renault para batir a China en su propio juego

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