Se acabó la fiesta del coche eléctrico en China. O, al menos, la fiesta tal como la conocíamos. Wang Chuanfu, el hombre que mueve los hilos en BYD, acaba de soltar una advertencia que dejó a la industria helada: hemos entrado en lo que él llama la “fase del knockout”. Es una purga en toda regla. De las más de 300 marcas que intentaron asaltar el cielo hace unos años, ya solo quedan la mitad, y muchas tienen los días contados.

Lo curioso es que BYD está en la cima, pero incluso ahí arriba el aire quema. Cerraron 2025 vendiendo más de cuatro millones y medio de coches —humillando a Tesla en el camino—, pero sus beneficios cayeron casi un 20%. ¿Por qué? Por una guerra de precios suicida que ellos mismos alimentan para asfixiar a los pequeños.

Aquí la clave tecnológica es sencilla de entender, pero difícil de ejecutar: se trata de quién controla “las tripas” del coche. BYD sobrevive porque fabrica sus propias baterías y sus propios chips; no depende de nadie. El resto, los que solo ensamblan piezas de otros, están viendo cómo sus márgenes se evaporan. Si no controlas el coste de la tecnología desde el mineral hasta el software, estás fuera del ring.

Pero ojo, que esta carnicería tiene letra pequeña para nosotros. Sí, vamos a ver coches chinos con tecnología de punta a precios de derribo, pero cuidado con lo que compras. En menos de dos años, muchas de esas marcas habrán desaparecido. Y cuando necesites un repuesto o una garantía para un coche que ya no existe, la oferta del año te va a salir muy cara.

La era de la experimentación ha muerto. Ahora solo queda espacio para los gigantes.

¿La burbuja a punto de estallar? El aviso de BYD que hace temblar a la industria

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