El coche eléctrico dejó de ser una apuesta de nicho. De acuerdo con el nuevo Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de la Energía, las ventas mundiales de autos eléctricos podrían alcanzar este año 23 millones de unidades, lo que representaría cerca del 30% de todos los autos nuevos vendidos en el planeta. Es decir, casi uno de cada tres.
La cifra incluye tanto vehículos 100% eléctricos como híbridos enchufables, una precisión importante porque el mercado no avanza de la misma forma en todas las regiones. Aun así, el mensaje de fondo es claro: la electrificación ya cambió el mapa de la industria automotriz.
En 2025, las ventas globales crecieron 20% y superaron los 20 millones de unidades. Con eso, los eléctricos representaron una cuarta parte del mercado mundial de autos nuevos. La AIE también señala que en alrededor de 40 países, estos modelos ya significaron al menos el 10% de las ventas. No es un fenómeno aislado ni una moda pasajera: el cambio ya se está midiendo en millones de compradores reales.
El gran protagonista sigue siendo China. Según la agencia, los fabricantes chinos suministraron 60% de los autos eléctricos vendidos en el mundo durante 2025. Europa y Norteamérica participaron cada una con alrededor del 15%. Pero si se mira la producción, el dominio chino es todavía más evidente: el país fabricó casi tres cuartas partes de los cerca de 22 millones de autos eléctricos producidos globalmente el año pasado. Además, sus exportaciones se duplicaron y superaron los 2.5 millones de unidades.
El reporte también muestra un mercado con contrastes. En el primer trimestre de 2026, las ventas globales cayeron 8% frente al mismo periodo de 2025, en parte por cambios de política en China y Estados Unidos. Pero esa baja no cuenta toda la historia: en Europa las ventas subieron casi 30%, en Asia-Pacífico —sin China— crecieron 80%, y en América Latina-incluyendo México- avanzaron 75 por ciento.
Hay otro factor que puede acelerar la transición: el precio de la energía. Con combustibles más volátiles, muchos consumidores empiezan a ver al eléctrico no solo como una decisión ambiental, sino como una forma de proteger el bolsillo. Y ahí está quizá el punto más importante: el auto eléctrico ya no compite solo por conciencia ecológica; empieza a competir por conveniencia, costo y seguridad energética.

























































