China se propuso tomar lo que parecería una causa perdida y lo convirtió en un faro de esperanza en contra del cambio climático. En 1978 el país asiático adoptó 4,480 kilómetros de un terreno desértico y luego de una proeza forestal ahora estas tierras son consideradas como un símbolo en la lucha contra la desertificación.

La Gran Muralla Verde es una iniciativa que busca crear una barrera de bosques para detener el avance implacable del desierto del Gobi.

Un escudo atrapa CO2

Pero quizá lo más importante de este escudo verde es que ha generado un sumidero de carbono capaz de absorber el 5% de las emisiones industriales totales de CO2 de China durante esas cuatro décadas.

Lo anterior equivale a una captura de 47.06 millones de toneladas de carbono al año, un logro que no solo beneficia a China sino al equilibrio ecológico global.

La economía también se ve beneficiada

Asimismo, la Gran Muralla Verde dio un impulso significativo a la biodiversidad. La creación de nuevos hábitats a través de la reforestación dio paso al retorno de especies que habían disminuido o desaparecido por completo de las regiones afectadas.

Y si todo esto no fuera suficiente, el tema económico también se vio beneficiado, ya que los programas de reforestación propiciaron empleo a millones de personas, ofreciendo una fuente de ingresos en áreas rurales donde las oportunidades económicas son a menudo escasas. Además, el proyecto fomentó la creación de una economía verde, con el desarrollo de industrias relacionadas con la silvicultura y el ecoturismo.

Este proyecto es parte de una estrategia nacional más amplia que busca aumentar drásticamente la superficie arbolada del país. Desde 2001, China ha recuperado un promedio de 50,000 kilómetros cuadrados de áreas forestales al año, con una inversión en reforestación que rondó los $85,000 millones de dólares en los primeros cinco años de la década de 2010.

La gran Muralla Verde china, un símbolo de esperanza en la lucha contra el cambio climático

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